Conversaciones

Jaime Arracó Montoliu

“En mis libros soy una especie de jefe supremo y eso es lo fascinante de la creación literaria”.

La adolescencia le dejó a Jaime una aversión a la autoridad, sobre todo a aquella que se manifiesta al interior de las instituciones educativas. Pasó por cinco colegios en España y por otros dos en Italia. Cada experiencia escolar acrecentaba su rechazo a las actitudes impositivas que puede enfrentar un joven en las aulas. La incomodidad no encontró mejoría en la universidad. Empezó varias carreras pero no terminó ninguna. Lo curioso es que desde hace dos años Jaime es profesor de literatura en un colegio y se ha vinculado a proyectos universitarios. Dice que está en la academia para hacer las cosas de una manera distinta a la enseñanza que recibió.

Y, al medirse en la escritura, este autor nacido en los Pirineos catalanes ve el otro lado de la autoridad, el que seduce: en sus textos solo él decide cómo son sus ambientes, si hay oscuridad o luz, y cómo son sus personajes, si tienen una voz cálida o una voz tosca.

El caos que Jaime vivió durante sus días de estudiante se refleja en Los años queman (Rey Naranjo, 2016), novela en la que un adolescente, Alberto Bellós, protagoniza un año escolar en la Florencia de finales de los noventa. Se trata de un joven español que llega a esta ciudad, cuna del Renacimiento, hogar de la Fiorentina en los años dorados de Batistuta y Rui Costa, donde cada paso que da resulta novedoso y deslumbrante a sus ojos, y decide arriesgarlo todo con tal de encontrar la belleza y el amor. La motivación de Alberto es clara: nada tiene sentido hasta que no es vivido, nada tiene valor si no hace parte de las propias experiencias.

Si Jaime se estrelló contra los colegios durante la infancia y adolescencia, la vida le sonrió por otro lado: desde muy niño tuvo la suerte de viajar gracias al trabajo de su padre. De los Pirineos catalanes a Madrid, un breve paso por Estados Unidos, de Madrid a Florencia, de Florencia otra vez a Madrid para, finalmente, recalar en Bogotá. Cada viaje era una dosis de conocimiento y experiencias que empezaron a materializarse en la escritura cuando se asienta en Bogotá.

Es aquí donde empieza a conocer gente y a entrenar la mano, moviéndose entre el relato corto y la crítica literaria, colaborando con revistas de España y Colombia o trabajando en prensa con la Feria del Libro. “El ingreso a ese universo de lectura y de escritura es casi inconsciente. Prefería los libros a otras cosas y quería saber todo sobre ellos. Con el tiempo te empiezas a dar cuenta de que esto no se hace tomando cervezas con amigos, en cocteles y fiestas literarias. Allí se habla de libros, de pensamiento y de filosofía, y te diviertes, pero pierdes el tiempo que necesitas para escribir. No descubro nada al decir que sirve más estar sentado en casa leyendo y escribiendo”.

“Yo jamás he pensado en autoeditarme, ni autopublicarme. Creo en el proceso tradicional y cada actor dentro de esta cadena de la industria editorial tiene una importancia. A pesar de que en esta estructura el escritor es el último de la fila”.

Al tiempo que entrenaba su escritura, una escritura que nace y se mantiene en la intimidad, Jaime fue dándole cuerpo a su canon literario. De las lecturas tempranas de Jack London, Eduardo Mendoza o Herman Melville pasa a la generación del 50 de España: Gil de Biedma, Juan Marsé, Juan García Hortelano. También se detiene en la obra de Edward St. Aubyn, Robertson Davies o Paul Auster. Hoy, entre los grandes referentes de su escritura cuenta a J.M Coetzee, Dominick Dunne, Richard Ford o Jhumpa Lahiri. En las lecturas, y en los errores, es donde Jaime ha encontrado las herramientas que lo llevaron a convertirse en escritor.

Herramientas que se ponen todas en marcha cuando decide lanzarse a escribir Los años queman, su primera novela y a la que le siguió Una persona perfecta (Seix Barral, 2019). Una vez terminada Los años queman, Jaime se enfrentó a editores y a casas editoriales, un suceso que ve como el paso real en ese trayecto que es el oficio de escribir.

Como su escritura encuentra su razón de ser en la intimidad y en el por qué de las cosas, es a eso a lo que apuntan sus trabajos. Hay acción, sí, pero por encima de todo hay detenimiento, contemplación y reflexión de lo que dejan esas acciones. “¿Por qué hacemos lo que hacemos y somos como somos?” es una pregunta que Jaime suele hacerse en su vida literaria. Esta y otras preguntas que nacen en lo más íntimo se sumaron a una idealización de lo que vivió durante sus años en Florencia. Y quiso recrearlo todo: lo que sus sentidos percibieron, sus amistades, sus primeros amores, el desenfreno de drogas, alcohol y fiestas y desventuras con el telón sonoro de esos años: The Smashing Pumpkins, Antonello Venditti, Oasis, Nirvana, Vasco Rossi o Kylie Minogue. “En Florencia todo era una sorpresa diaria, la diversión por el mero acto de divertirse. Pero también aparece un concepto que forma parte de mi personalidad y, sobre todo, de mi búsqueda literaria, que es la búsqueda de la belleza”. Y también es una novela que desarrolla el miedo, el miedo a vivir y a sentir lo que sentimos, razón por la cual llevamos la vida al límite, dentro de paraísos artificiales que nos llevan a creer en lo que queremos creer. Evitando la realidad.

Para Jaime la literatura es un asunto serio y en esa base se aploma para vivir de una determinada manera. La escritura no es un pasatiempo, tampoco es solemne, pero tiene claro que no sirve ser escritor de a ratos. “Se escribe al dormir y al pasear por la calle. Mirando la televisión y leyendo. Se escribe al comer y al ducharse. La escritura es un oficio absurdo y que esclaviza”.

En pocas palabras

El libro más preciado de su biblioteca
Me molestaría mucho que me quitaran los libros que estoy leyendo, los libros que estoy leyendo en la actualidad son lo más preciado que tengo.

Un disco para sentarse a leer
Antony And The Johnsons, de Antony, es un disco perfecto para escribir. En mi casa siempre hay música sonando. Para Los años queman busqué discos de la época, escuché los discos de ese entonces durante todo el proceso. Algunos están en esta playlist, que va desde The Stone Roses, hasta Leonard Cohen, pasando por Eiffel 65.

Personaje literario predilecto
Neddy Merrell, el protagonista de El Nadador, de John Cheever.

Si no hubiera sido escritor hubiera sido…
Cantautor triste, pero no sé cantar.

Tres librerías que no deja de visitar
Librería Central, Quevedo Libros y Antiguedades, Wilborada.

Si quieres leer Los años queman, puedes conseguirlo aquí.